La conexión oculta entre tu estrés y tus problemas intestinales
Antes de contarte de qué va esto del estrés y los problemas digestivos, me presento. Soy Marina Rodríguez, psicóloga especialista en patologías digestivas en Málaga.
Esta especialidad no surge en un aula, sino en mi propia experiencia como paciente de este tipo de patología —SIBO, histaminosis e intolerancias— y en mi experiencia profesional ayudando a otras personas a superar problemas de salud.
Desde hace años he enfocado mi trabajo en personas que sufren malas digestiones porque conozco la frustración de encontrarte realmente mal y que las pruebas salgan bien, de no sentirte escuchado o de ver que tus esfuerzos no dan resultado.
Tu sistema nervioso y tus emociones tienen mucho que decir aquí. Si no los atiendes, dejas fuera una parte de los factores que influyen en esas digestiones difíciles.
El misterio del «segundo cerebro»
Síntomas tan cotidianos como inflamación después de comer, diarrea o estreñimiento, gases, malestar abdominal o reflujo se han normalizado, aunque pueden indicar que algo no funciona bien.
Los tejidos que formarán el sistema nervioso y el sistema digestivo nacen del mismo lugar y se desarrollan en paralelo. Por eso hay neuronas en el tracto digestivo y se habla del intestino como nuestro «segundo cerebro».
Cerebro e intestino se comunican, entre otras vías, mediante el nervio vago. Y la comunicación no es unidireccional: la información también viaja del sistema digestivo al nervioso. Las emociones tienen expresión en el organismo, aunque no siempre la notemos.
Cuando el modo alerta frena la digestión
El estrés es una respuesta fisiológica normal ante estímulos desafiantes. Un poco de activación puede ser natural y útil, pero si se mantiene en el tiempo el cuerpo se desgasta.
Cuando estamos estresados se activa un modo de alerta que frena procesos como la digestión, la reparación de tejidos o el descanso. Puntualmente es necesario; a diario impide que el cuerpo funcione con normalidad.
El complejo migratorio motor, SIBO y disbiosis
El estrés prolongado puede afectar a los movimientos intestinales que limpian el intestino entre comidas. Si esa limpieza se detiene, se acumulan sustancias que pueden favorecer el sobrecrecimiento de bacterias.
- Entre los diagnósticos asociados aparecen la disbiosis, distintos tipos de sobrecrecimiento bacteriano, enfermedad de Crohn, síndrome de intestino irritable e intolerancias.
Estrés, preocupaciones y ayuda psicológica
A menudo imaginamos el estrés como algo lejano o extremo. Sin embargo, gran parte nace de cómo percibimos lo cotidiano y de la interpretación que hacemos de lo que nos ocurre.
Preocupación diaria, alerta sostenida y alteración del funcionamiento digestivo pueden formar un círculo. Preguntarte cómo estás reaccionando al estrés es un buen punto de partida para romperlo.
Atender el bienestar digestivo también implica escuchar a la mente y al sistema nervioso. Una profesional especializada puede ayudarte a comprender el patrón y plantear cambios ajustados a tu caso.
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