El síndrome del impostor
El síndrome del impostor fue descrito en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes. Se relaciona con sentirse un «fraude intelectual», creer que no se merece el éxito y temer que los demás descubran una supuesta incompetencia, incluso cuando existe una trayectoria real de logros.
Está relacionado con lo que la persona piensa sobre sí misma y con la autoevaluación que realiza ante una tarea y sus resultados.
Factores que pueden favorecerlo
- Perfeccionismo desadaptativo: expectativas desmesuradas que hacen que cualquier resultado parezca insuficiente.
- Ambiente y dinámica familiar: comparaciones, falta de apoyo, dificultad para expresar emociones, sobreprotección o expectativas muy altas.
- Autoestima: una autoestima más baja puede aumentar la vulnerabilidad a interpretar el éxito como algo inmerecido.
- Autosabotaje: trabajar hasta el agotamiento para evitar que otros descubran una incompetencia que la propia persona imagina.
Las experiencias tempranas pueden crear una fuerte necesidad de complacer y de adaptarse a las expectativas ajenas. Esos patrones pueden mantenerse durante la adolescencia y la vida adulta.
Problemas asociados
Distintos estudios relacionan el fenómeno con ansiedad, estrés, síntomas depresivos, agotamiento, menor rendimiento e insatisfacción. A veces estos problemas actúan como antecedentes y otras veces aparecen como consecuencia.
El rasgo central no es la ausencia de capacidad, sino la dificultad para reconocerla como propia. Trabajar la autoevaluación, las expectativas y la forma de atribuir los logros puede ayudar a salir de ese ciclo.
Referencias
Clance e Imes (1978); Bussotti (1990); Chae et al. (1995); Sakulku y Alexander (2011); Hutchins y Rainbolt (2016), entre otras investigaciones citadas en el artículo original.
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